miércoles, 3 de marzo de 2010

Museos; Esas máquinas descontextualizadoras

"No me gustan demasiado los museos. Hay algunos admirables, pero ninguno es delicioso. Las ideas de clasificación, de conservación y de utilidad pública, que son justas y claras, tienen poco que ver con las delicias [...]. Ante mí se desarrolla en el silencio un extraño desorden organizado. Soy preso de un horror sagrado. Mi paso se torna religioso. Mi voz cambia, se vuelve un poco más alta que si estuviera en la iglesia, pero menos fuerte de lo que acostumbra a ser en la vida. Al poco rato ya no sé qué he venido a hacer en estas soledades enceradas, que recuerdan el templo y el salón, el cementerio y la escuela [...]. ¡Qué cansancio, me digo, qué barbarie! Todo eso es inhumano. No es puro. Esta vecindad de maravillas independientes y enemigas, y más enemigas cuanto más se asemejan, es paradójica [...]. El oído no soportaría diez orquestas a la vez. El espíritu no puede seguir muchas operaciones distintas, no hay razonamientos simultáneos. Pero he aquí que el ojo [...], en el instante en que percibe, se ve obligado a admitir un retrato y una marina , una cocina y un triunfo , personajes en los estados y posturas más diversos, y no sólo esto, sino que ha de acoger en la misma mirada armonías y formas de pintar que no son comparables [...] producciones que se devoran entre sí [...]. Pero nuestra herencia nos aplasta. El hombre moderno, extenuado por la enormidad de sus medios técnicos, se ha empobrecido por el propio exceso de sus riquezas [...]. Un capital excesivo y, por tanto, inutilizable"
Paul Valéry (1923)
A su vez fusilado de "Colecciones y tesoros" de Umberto Eco

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